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| Del bosque seco nace otro Simbiosis |
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| 12 10:29:12 de May 10 - ANA MARÍA PARRA A. aparra@nacion.com 10:30 P.M. 08/05/2010 |
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| Hijo de Guanacaste. En el Parque Nacional Santa Rosa, Manuel Obregón grabó la continuación del disco lanzado hace diez años |
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| Desde las 5:03 a.m. del jueves equipo de Papaya Music y Ojalá Comunicación grabaron con a Manuel Obregón en el parque Santa Rosa. Eyleen Vargas. |
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Un hijo del bosque. Eso es este Simbiosis al que, de cariño, le han ido llamando “la segunda parte de Simbiosis”, y que llevará por nombre oficial Simbiosis bosque seco.
¿Un nombre conocido? Así es. Porque, de alguna manera, se trata del hermano pequeño del álbum que hace diez años fue colocado por Manuel Obregón en el mercado y que, originalmente, fue grabado en el bosque lluvioso de Monteverde.
El pianista –desde ayer Ministro de Cultura y Juventud– pasó de lo lluvioso y lo húmedo al paraje seco.
Aunque el compositor cruza los dedos para que este no sea su último disco en cuatro años de cargo oficial, sí es a todas luces, probablemente, una de las últimas giras intensas de este año.
Con los héroes.
Desde febrero pasado, Papaya Music, junto con Luciano Capelli como director y productor ejecutivo del mismo, comenzó a filmar para generar un DVD que esta vez documentará el disco, que tiene el talento de ir creando música con el piano a partir de los sonidos del bosque.
Una primera avanzada de grabación se dio en marzo pasado, en el mismo escenario que el miércoles 5 y el jueves 6 de mayo vio la grabación de la última parte del disco: el Parque Nacional Santa Rosa, en el siempre caliente Guanacaste.
Miradores, playas, amaneceres y atardeceres fueron los lugares y momentos donde un amplio equipo, con Nano Fernández como sonidista, cómplice del pianista Manuel Obregón, grabó música, sonidos e imágenes.
El jueves todo empezó cuando aún el cielo estaba oscuro. A las 4 a. m. el equipo partía para, con paciencia y buena condición física, subir 123 gradas hasta llegar al monumento de los héroes de las batallas de 1856 y de 1955. En dirección a la tica sería: como atrás de la casona o el mesón, de Santa Rosa.
Cámaras, cables, micrófonos especialísimos, minimezcladoras colgando de Nano Fernández, un teclado eléctrico –subir el piano de cola hubiese sido algo difícil– armaban el panorama.
Cuando Nano Fernández dijo: “Silencio, grabamos. Uno, dos, tres”, eran las 5:03 a. m. No se valía moverse ni para rascarse, los micrófonos todo lo capturaban.
Y bastó con que Obregón empezara a sacar notas del teclado cuando una nube de libélulas inundó el lugar, mientras los congos hacían sonidos; las aves a cantar y el viento a soplar tan fuerte como si le urgiera dejar claro que estaba ahí presente.
Esa madrugada, en un paisaje donde los volcanes Rincón de la Vieja, Miravalles y Tenorio se divisaban coronados por las nubes, los cuyeos, las pavas lejanas, los pecho amarillo y hasta los pájaros bobos iban apareciendo y el pianista construyendo música con ellos.
Hojas que se desprenden de los árboles, un incendio apagado por la lluvia y hasta gotas de agua inspiraron esta nueva Simbiosis. |
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